ESPEJO...
Recuerdo que más de una vez tuve miedo…
Que mi ser temblaba pensando en su llegada, en sus voces, en
su cansancio, en el mío.
Alguna vez llegaba amenazante, un mal día para él, se convertía
en una mala noche para mi, y yo jamás sabia que hacer, y callaba esperando el
golpe… y el miedo me paralizaba.
Después se calmaba, me decía que no podía evitarlo, que le
perdonase, y nuestra vida se volvía “normal” y yo deseaba volverme invisible a
su ira.
Yo recordaba a su madre diciéndome… cuando se ponga así no
le contradigas, deja que chille, después se le pasa, el es muy bueno, y yo le
hacía caso, el me insultaba, después se le saltaban las lagrimas y me besaba
pidiendo perdón… como siempre.
Un día deje de callar, y chille a la vez que el, eso a él no
le gusto, me dijo ¡¡¡ a mí no me chilles!!! Y yo le conteste, esto lo haces tú
cada día ¿sabes cómo me siento?
Y dio resultado, ahora chilla menos, y cuando me enfada yo también
lo hago, no es mi forma de ser, pero él para antes de gritar, porque yo le hago
de espejo al hacer lo mismo, y lo que ve… no le gusta.









